Así como sucede con el rojo, con el sombrero negro más que generar pensamiento negativo lo vamos a limitar, pues se le dará su momento y no dejaremos, como en el caso de las emociones, que se desborde la negatividad sin ser conscientes de ello. Si tenemos una actitud hacia el sombrero negro, debemos basar toda nuestra experiencia pasada en la explicación objetiva de esta negatividad, por eso es negativo objetivo. Con el sombrero negro podemos decir “ No creo que la rebaja de precios vaya a funcionar porque por nuestras experiencias anteriores.........”. Es decir negativo objetivo, en donde se le da una real dimensión a la parte de crítica. Como dijimos ,es fácil ser negativo porque a una idea es fácil encontrarle lo que no funciona (esto puede ser una pequeña parte), ¿será tan fácil ser positivo? La fórmula implícita en toda religión y moral reza “¡Haz esto y aquello, no hagas esto ni aquello; así alcanzarás la felicidad! De lo contrario...” Toda moral, toda religión, es este imperativo, al que yo llamo gran pecado original de la razón, inmortal sinrazón. En boca mía, esa fórmula se convierte en su inversión, primer ejemplo de mi “transmutación de todos los valores”: el hombre armonioso, el “afortunado”, no puede meteos que cometer determinados actos e instintivamente rehúye otros; introduce el orden que fisiológicamente encarna en sus relaciones con los hombres y las cosas. He aquí la fórmula correspondiente: su virtud es el efecto de su felicidad... La vida larga y la prole numerosa no son el premio de la virtud, sino que la virtud es ese retardo del metabolismo que, entre otras cosas, determina también una vida larga y una prole numerosa, en una palabra, el cornarismo. La Iglesia y la moral dicen: “el vicio y el lujo arruinan a los linajes y a los pueblos”. Mi razón restaurada dice: “cuando un pueblo se arruina, cae en la degeneración fisiológica y se originan el vicio y el lujo (esto es, la necesidad de estímulos cada vez más fuertes y más frecuentes, como la conoce todo ser agotado). El joven se debilita prematuramente. Sus amigos afirman que la culpa la tiene tal enfermedad. Yo afirmo que el hecho de que ese joven haya enfermado, no haya resistido a la enfermedad, es la consecuencia de una vida empobrecida, de un agotamiento congénito. El lector de diarios dice que tal partido labra su propia ruina por tal error. Mi política superior, en cambio, dice que un partido que comete tal error está arruinado; que ha perdido la seguridad de sus instintos. Todo error, en todo sentido, es la consecuencia de degeneración de los instintos, de disgregación de la voluntad; lo malo queda así indefinido. Todo lo bueno es instinto y, por ende, fácil, necesario, libre. El esfuerzo es una objeción, el dios es típicamente distinto del héroe (dicho en mi propio lenguaje: los pies alados son el atributo primordial de la divinidad). Explicación sicológica de lo antedicho.-Reducir algo desconocido a algo conocido alivia, reconforta, satisface y proporciona una sensación de poder. Lo desconocido involucra peligro, inquietud y zozobra; aplícase el instinto primordialmente a eliminar estos estados penosos. Primer principio: cualquier explicación es preferible a ninguna explicación. Como en definitiva se trata tan sólo de un afán de librarse de representaciones penosas, se echa mano de cualquier medio que se ofrece con tal de quitárselas de encima, sin discriminar mayormente; cualquier representación mental en virtud de la cual lo desconocido se dé por conocido resulta tan reconfortante que se la “cree cierta”. Es la prueba del placer (“de la fuerza”) como criterio de la verdad. El impulso causal está, pues, determinado y excitado por el temor. El “¿por qué?” debe dar en lo posible no la causa por la causa misma, sino determinado tipo de causa: una causa que tranquilice, redima, alivie. El que algo ya conocido, experimentado, grabado en la memoria, sea establecido como causa es la primera consecuencia de esta necesidad íntimamente sentida. Lo nuevo, no experimentado, extraño, queda excluido como causa. De modo que se busca como causa no un tipo de explicaciones, sino un tipo escogido y preferido de explicaciones, aquel que con más rapidez y frecuencia haya eliminado la sensación de lo extraño, nuevo, jamás experimentado las explicaciones más corrientes. Como consecuencia de esto, un determinado tipo de motivación causal prevalece cada vez más, se reduce a sistema y llega al fin a dominar, con exclusión de otras causas y explicaciones. El banquero piensa en seguida en el “negocio”, el cristiano en el “pecado” y la muchacha en su amor. Ya no nos apreciamos lo suficiente si nos comunicamos. Nuestras experiencias propiamente dichas no son en modo alguno locuaces. Ni siquiera podrían comunicarse, pues les faltan las palabras. Lo que sabemos expresar en palabras, ya lo hemos dejado atrás. En todo hablar hay algo de desprecio. Parece que el lenguaje está inventado únicamente para lo ordinario, lo medio, lo comunicable. Con el lenguaje se vulgariza el que habla. (De una moral para sordomudos y otros filósofos.) “¡Es encantadora esta imagen!”... La historia, insatisfecha, excitada, desolada en el corazón y las entrañas, pendiente en todo momento, con una curiosidad dolorosa, del imperativo que desde las profundidades de su organismo susurra “aut liberi aut libri”; la literata, lo suficientemente culta para entender la voz de la Naturaleza, incluso cuando habla en latín, y, por otra parte, lo suficientemente vanidosa y estúpida para decir aun en francés para sus adentros “je me verrai, je me lirai, je m'extasierai et je dirai: Possible, que j'aie eu tant d'esprit?” Hablan los “impersonales”. “Nada nos es tan fácil como ser sabios, pacientes, superiores y serenos. Chorreamos aceite de indulgencia y simpatía; somos de una manera absurda justos; perdonamos todo. Por eso mismo debiéramos desarrollar en nosotros de tanto en tanto un pequeño afecto, un pequeño vicio de afecto. Tal vez nos cueste; tal vez nos riamos, entre nosotros, de la figura que encarnamos. Pero no tenemos más remedio. No nos queda ya ninguna otra forma de autodisciplina; tal es nuestro ascetismo, nuestra penitencia”... Volverse personal, he aquí la virtud del “impersonal”...De un examen de doctorado. “¿Cuál es la tarea de toda enseñanza superior?” Hacer del hombre una máquina. “¿Cómo se consigue esto?” El hombre debe aprender a aburrirse. “¿Cómo se consigue esto?” Mediante la noción del deber. “¿Quién es su mrdelo en esta ocasión?” El filólogo, que enseña a trabajar como un burro. “¿Quién es el hombre perfecto?” El empleado del Estado. “¿Qué filosofía ofrece la fórmula suprema para el empleado del Estado?” La de Kant el empleado del Estado como cosa en sí, proclamado juez del empleado del Estado como apariencia. El derecho a la estupidez. El trabajador cansado de lento respirar y aire bonachón que , deja correr las cosas; esta figura típica que uno encuentra ahora, en esta época del trabajo (¡y del Reich!) en todas las capas de la sociedad, reivindica hoy día precisamente el arte, incluido el libro, en particular el diario; júzguese en cuánto mayor grado la bella Naturaleza reivindica a Italia... El hombre del atardecer, con los “impulsos fieros expirados”, de que habla Fausto, tiene necesidad del lugar de veraneo, de la playa de mar, de los ventisqueros, de Bayreuth... En tiempos así, el arte tiene derecho a la locura pura, como una especie de vacaciones para el espíritu, el ingenio y el ánimo. Así lo entendió Wagner. La locura pura repone...Habla el inmoralista. Nada repugna tanto al filósofo como el hombre que desea... Cuando ve al hombre exclusivamente en sus actos; cuando ve a este animal más valiente, astuto y denodado extraviado hasta en trances laberínticos, ¡cuán admirable se le aparece el hombre! Y aun lo alienta... Desprecia el filósofo, en cambio, al hombre que desea, también al hombre “deseable”, y en un plano general, todas las deseabilidades, todos los ideales humanos. Si el filósofo pudiese ser nihilista lo sería, pues detrás de todos los ideales del hombre encuentra la nada. O ni siquiera la nada, sino lo ruin, lo absurdo, lo enfermo, lo cobarde, lo cansado, toda clase de heces de la copa vaciada de su vida... El hombre, que en tanta realidad es siempre vulnerable, ¿cómo es que no merece respeto en cuanto desea? ¿Será que tiene que pagar por la capacidad que lo distingue como realidad?, ¿que tiene que compensar su actividad, la tensión mental y el esfuerzo de voluntad en toda actividad, por una relajación en lo imaginario y lo absurdo? Cuando se coloca el centro de gravedad de la vida no en la vida, sino en el “más allá” - en la nada, - se le ha quitado a la vida como tal el centro de gravedad. La gran mentira de la inmortalidad personal destruye toda razón, toda naturaleza existente en el instinto, - a partir de ahora todo lo que en los instintos es beneficioso, favorecedor a la vida, garantizador del futuro, suscita desconfianza. Vivir de tal modo que ya no tenga sentido vivir, eso es lo que ahora se convierte en el “sentido” de la vida... ¿Para qué ya el sentido de comunidad, para que la gratitud a la ascendencia y a los antepasados, para qué colaborar, confiar, para qué favorecer y tener en cuenta algún bien general?... Todas esas cosas son “tentaciones”, todas esas cosas son desviaciones del “camino recto” - “una sola cosa es necesaria”... En cuanto “alma inmortal”, cada uno tiene idéntico rango que cualquier otro, en el conjunto de todos los seres la “salvación” de cada individuo tiene derecho a reclamar una importancia eterna, pequeños santurrones, y locos en sus tres cuartas partes, tienen derecho a imaginarse que, en razón de ellos, las leyes de la naturaleza son transgredidas, de modo constante - nunca se estigmatizará con bastante desprecio semejante intensificación hasta lo infinito, hasta lo impúdico, de toda especie de egoísmo. Y, sin embargo, el cristianismo debe su victoria a esa deplorable adulación de la vanidad personal -con ella es con la que ha persuadido a seguirle cabalmente a todos los malogrados, a todos los hombres de sentimientos rebeldes, a los fracasados, a todos los desechos y escorias de la humanidad. La “salvación del alma” - dicho claramente: “el mundo gira alrededor de mí”... El veneno de la doctrina “idénticos derechos para todos” - es el cristianismo el que lo ha diseminado de modo más radical: desde los más escondidos rincones de los instintos malos el cristianismo ha hecho una guerra a muerte a todo sentimiento de respeto y de distancia entre los hombres, es decir, al presupuesto de toda elevación, de todo crecimiento de la cultura, - con el resentimiento de las masas ha forjado su arma capital contra nosotros, contra todos los seres aristocráticos, joviales, generosos, que hay en la tierra, contra nuestra felicidad en la tierra... [...] - El aristocratismo de los sentimientos ha sido socavado de la manera más subterránea por la mentira de la igualdad de las almas; y si la creencia en el “privilegio de los más” hace y hará revoluciones, ¡es el cristianismo no se dude de ello, son los juicios cristianos de valor los que toda revolución no hace más que traducir en sangre y crímenes! El cristianismo es una rebelión de todo lo que se-arrastra-por-el-suelo contra todo lo que tiene altura: el evangelio de los “viles” envilece... El viejo Dios, todo él “espíritu”, todo él sumo sacerdote, todo él perfección, se pasea por su jardín placenteramente: sólo que se aburre. Contra el aburrimiento luchan en vano incluso los dioses. ¿Qué hace? Inventa al hombre, - el hombre es algo entretenido... Pero he aquí que también el hombre se aburre. El apiadamiento de Dios por la única molestia que en sí tienen todos los paraísos no conoce límites: pronto creó también otros animales. Primer fallo de Dios: el hombre no encontró entretenidos a los animales, - los dominaba, no quería siquiera ser un “animal”. - Por consiguiente, Dios creó a la mujer. Y de hecho, ahora el aburrimiento se terminó - ¡pero también se terminaron otras cosas! La mujer fue el segundo fallo de Dios. - “La mujer es, por su esencia, serpiente, Eva”- esto lo sabe todo sacerdote; “de la mujer viene todo el infortunio al mundo” - esto lo sabe asimismo todo sacerdote. “Por consiguiente también la ciencia viene de ella”... Sólo a través de la mujer llegó el hombre a gustar del árbol del conocimiento. - ¿Qué había ocurrido? Al viejo Dios lo invadió una angustia infernal. El hombre mismo había sido su máximo fallo. Dios se había creado un rival, la ciencia hace iguales a Dios. - ¡se han terminado los sacerdotes y los dioses si el hombre se vuelve científico! - Moraleja: la ciencia es lo prohibido en sí, - ella es lo único prohibido. La ciencia es el primer pecado, el germen de todo pecado, el pecado original. La moral no es más que esto. - “No conocerás”: - el resto se sigue de ahí. - La angustia infernal de Dios no le impidió ser listo. ¿Cómo defenderse de la ciencia?, ése fue durante largo tiempo su principal problema. Respuesta: ¡fuera del Paraíso el hombre! La felicidad, la ociosidad inducen a tener pensamientos, - todos los pensamientos son pensamientos malos... El hombre no debe pensar. - Y el “sacerdote en sí” inventa la indigencia, la muerte, el peligro mortal del embarazo, toda especie de miseria, vejez, fatiga, sobre todo la enfermedad, - simples medios en la lucha con la ciencia! La indigencia no le permite al hombre pensar... Y, ¡pese a todo!, ¡algo espantoso! La obra del conocimiento se alza cual una torre, asaltando el cielo, trayendo el crepúsculo de los dioses, - ¡qué hacer! - El viejo Dios inventa la guerra, separa los pueblos, hace que los hombres se aniquilen mutuamente (los sacerdotes han tenido siempre necesidad de la guerra...). La guerra . ¡entre todas las cosa una gran perturbadora de la paz de la ciencia! - ¡Increíble! Pese a las guerras, el conocimiento, la emancipación con respecto al sacerdote, aumenta. - Y al viejo Dios se le ocurre una última decisión: “el hombre se ha vuelto científico - no queda otro remedio, ¡hay que ahogarlo!”...
Hacérsele a uno un mundo algo.
Uno de los períodos del tiempo de circulación –que es, relativamente, el más decisivo– lo forma el periodo de venta, la época en que el capital reviste la forma de capital–mercancías. La duración relativa de este período hace que se alargue o se acorte el tiempo de circulación y, por tanto, el período de rotación, en general. Puede ocurrir, además, que los gastos de almacenamiento, etc., hagan necesaria una inversión complementaría de capital. Es evidente de por sí que el tiempo necesario para la venta de las mercancías terminadas puede diferir mucho según los diversos capitalistas, dentro de la misma rama industrial; no sólo, por tanto, con respecto a las masas de capital invertidas en las diversas ramas de producción, sino también con respecto a los diversos capitales independientes, que en realidad sólo son fragmentos sustantivados del capital global invertido en cada rama de producción. En igualdad de condiciones, el período de venta, para el mismo capital individual, variará a tono con las oscilaciones generales de las condiciones del mercado o con sus oscilaciones en la rama industrial de que se trata. Por ahora, no nos detendremos en esto. Nos limitamos a dejar constancias del hecho: todos aquellos factores que se traducen, en general, en diferencias en cuanto a los períodos de rotación de los capitales invertidos en las distintas ramas industriales, se traducen también, si actúan individualmente (si, por ejemplo, un capitalista se halla en condiciones de vender con mayor rapidez que su competidor, sí uno emplea más métodos encaminados a acortar los períodos de trabajo que el otro, etc.), en diferencias en cuanto a la rotación de los distintos capitales individuales que funcionan en la misma rama industrial. De putas en Madrid Sin embargo, aquí oímos y vemos a la vez que también este espectador y juez olímpico está lejos de enfadarse por esto con los hombres y de pensar mal de ellos: «¡Qué locos son!», piensa al ver las fechorías de los mortales, –– y «locura», «insensatez», un poco de «perturbación en la cabeza», todo eso lo admitieron de sí mismos incluso los griegos de la época más fuerte, más valerosa, como fundamento de muchas cosas malas y funestas: –– locura, ¡no pecado! ¿Lo comprendéis?... Pero incluso esa perturbación de la cabeza era un problema –– «sí, ¿cómo ella es posible siquiera?, ¿de dónde puede haber venido, propiamente, a cabezas como las de nosotros, hombres de la procedencia aristocrática, de la fortuna, de la buena constitución, de la mejor sociedad, de la nobleza, de la virtud?» –– así se preguntó durante siglos el griego noble a la vista del horror y del crimen, incomprensibles para él, con los que se había manchado uno de sus iguales. «Un dios, sin duda, tiene que haberlo trastornado», decía finalmente, moviendo la cabeza... Esta salida es típica de los griegos... Y así los dioses servían entonces para justificar hasta cierto punto al hombre incluso en el mal, servían como causas del mal ––entonces los dioses no asumían la pena, sino, como es más noble, la culpa .... Escorts Bilbao Renan: Teología, o la corrupción de la razón por el “pecado original” (el cristianismo). Testimonio de ello es Renan, quien en cuanto arriesga un sí o no de carácter más bien general se equivoca con penosa regularidad. Quisiera, por ejemplo, aunar la science con la noblesse; pero es evidente que la science pertenece a la democracia. Desea, con no escasa ambición, representar un aristocratismo del espíritu; mas al mismo tiempo dobla la rodilla, y no solamente la rodilla ante la doctrina contraria, el évangile des humbles... ¡De nada sirven el librepensamiento, el modernismo, la ironía, etc., si íntimamente se sigue siendo cristiano, católico y aun sacerdote! Como un jesuita y confesor, Renan tiene la capacidad inventiva de la seducción; no le falta a su espiritualidad la amplia sonrisa de frailuco; como todos los sacerdotes, sólo se vuelve peligroso cuando ama. Nadie lo iguala en eso de adorar de una manera que entraña peligro mortal... Este espíritu de Renan, un espíritu que enerva, es una fatalidad más para la pobre Francia enferma, con la voluntad enferma. http://www.girlsbcn.com.es Pero esto no concuerda, pues, como veremos, los verdaderos períodos de producción y circulación no coinciden de un modo absoluto con los del esquema anterior, en el que interesaba principalmente hacer que los dos capitales I y II apareciesen como independientes el uno del otro. De putas en Barcelona
Partimos del supuesto de que el capital que ha de desembolsarse semanalmente es, en todos los casos, de 100 libras esterlinas, y el período de rotación de 9 semanas, lo que quiere decir que el capital a desembolsar para cada período de rotación asciende a 900 libras esterlinas. http://www.girlsmadrid.com Lo importante, en el texto de Marx, es la demostración de que, de un lado, una parte considerable del capital industrial debe existir siempre en forma de dinero, mientras que, de otro lado, debe revestir transitoriamente esta forma una parte todavía más considerable de aquel capital. Y estas observaciones mías adicionales, lejos de debilitar la demostración, vienen, en realidad, a reforzarla. (F. E.).] Masajes valencia La clase capitalista constituye, pues, el punto de partida único de la circulación monetaria. Si necesita 400 libras esterlinas para pagar medios de producción y 100 para pagar fuerza de trabajo, lanza a la circulación 500 libras. Pero la plusvalía contenida en el producto, suponiendo que su cuota sea de 100 por 100, es igual a un valor de 100 libras esterlinas, ¿Cómo puede retirar constantemente 600 libras, si no lanza a ella constantemente más de 500? De la nada no sale nada. La clase capitalista en su conjunto no puede retirar de la circulación lo que no ha lanzado previamente a ella. Madrid Acompañante Glosa de Marx (manuscrito "Contribución a la crítica, etc.", p. 852): "Este folleto casi desconocido –que apareció por la época en que empezaba a hacerse célebre el `increíble chapucero' MacCulloch– representa un progreso muy notable ton respecto a Ricardo. Define directamente la plusvalía o 'ganancia', como Ricardo la llama (y también, con frecuencia, producto excedente, surplus product) o interest, como lo llama el autor del folleto, como surplus labour, trabajo excedente, como el trabajo que el obrero rinde gratis, después de cubrir la cantidad de trabajo que sirve para reponer el valor de su fuerza de trabajo y que, por tanto, produce un equivalente para su salario. Tan importante como era reducir el valor al trabajo, era reducir la plusvalía (surplus value) materializada en un producto excedente (surplus product) a trabajo excedente (surplus labour). Fotografia profesional para escorts En primer lugar, un manuscrito titulado "Contribución a la crítica de la economía política", 1,472 cuartillas en cuarto en 23 cuadernos, escrito de agosto de 1861 a junio de 1863. Es la continuación del primer cuaderno del mismo título publicado en Berlín en 1859. Trata hasta agotarlos, en las cuartillas 1–220 (cuadernos I–V) y luego en las páginas 1,159–1,472 (cuadernos XIX–XXIII); los temas de la conversión del dinero en capital que se investigan en el libro I de la obra y es la primera versión con que contamos acerca de estos temas. Las páginas 973–1,158 (cuadernos XVI–XVIII) se ocupan del capital y la ganancia, de la cuota de ganancia, del capital comercial y del capital–dinero; es decir, de temas que luego habrán de desarrollarse en el manuscrito del libro III. En cambio, los temas tratados en el libro II. al igual que muchos de los que se tratarán más tarde en el libro III, no aparecen todavía agrupados de un modo especial. Estos temas son tratados de pasada, sobre todo en la sección que forma el cuerpo principal del manuscrito: páginas 220–972 (cuadernos VI–XV): "Teorías sobre la plusvalía." En esta sección se contiene una historia crítica detallada de lo que constituye el punto cardinal de la economía política: la teoría de la plusvalía, y junto a ella desarrolla el autor, polemizando con sus antecesores, la mayoría de los puntos que más tarde habrán de investigarse, de un modo especial y en su concatenación lógica. en los manuscritos de los libros II y III. Es mi propósito editar como libro IV de El Capital la parte critica de este manuscrito, después de eliminar de él los numerosos pasajes incluidos ya en los libros II y III. Este manuscrito es algo verdaderamente precioso, pero inutilizable para la presente edición del libro II. Putas en Castellón En el segundo, con arreglo a la diversa duración del período de rotación y la diversa proporción en que se combinan sus partes integrantes –período de trabajo y período de circulación–, la parte integrante del valor–capital desembolsado que tiene que invertirse y renovarse constantemente en forma de dinero varía en proporción al capital productivo que pone en movimiento; es decir, en proporción a la escala continua de producción. Pero, cualquiera que esta proporción sea, la parte del valor–capital en acción que puede funcionar constantemente como capital productivo se halla en todo caso limitada por la parte del valor–capital desembolsado que tiene necesariamente que existir de continuo junto al capital productivo, en forma de dinero. Al decir esto, nos referimos solamente a la rotación normal; es decir, a un promedio abstracto. Y prescindimos también, aquí, del capital–dinero adicional utilizado para contrarrestar las interrupciones de la circulación. 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el mismo dinero cambia dos veces de lugar; el capitalista lo recibe primero como vendedor y se desprende de él como comprador; la transformación de la mercancía en forma dinero sólo sirve para convertirla nuevamente de la forma–dinero en la forma mercancía; por tanto, la forma dinero del capital, su existencia como capital–dinero, es, en este proceso, un factor llamado a desaparecer; o, dicho de otro modo, el capital–dinero, mientras el proceso está en marcha, sólo actúa como medio de circulación cuando sirve de medio de compra; cuando aparece como medio de pago es, exclusivamente, cuando los capitalistas realizan compras mutuas entre sí; es decir, cuando se trata, simplemente, de saldar la diferencia. accompagnatrice Espagne Cuando todos estos medios no basten, se debe recurrir a la producción adicional de oro o, lo que para los efectos es lo mismo, al cambio directo o indirecto por oro –producto de los países productores de metales preciosos– de una parte del producto adicional. modelos de compañía barcelona
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Así, por ejemplo, si con los medios de transporte antiguos el algodón, el carbón, etc., tardan 3 semanas en llegar a su fuente de producción, o de sus depósitos hasta el centro de producción del capitalista X, es indudable que el mínimum de la reserva de producción de X hasta la llegada de nuevas reservas, deberá durar por lo menos 3 semanas. Mientras se hallen en camino, el algodón y el carbón no pueden ser útiles como medios de producción. Durante ese tiempo son, simplemente, objeto de trabajo de la industria del transporte y del capital invertido en ella, y para el productor de carbón y el vendedor de algodón capital–mercancías en estado de circulación. Supongamos que, al mejorarse los transportes, se reduzca la duración del viaje a 2 semanas. Esto permitirá reducir en la misma proporción, de 3 semanas a 2, la reserva de producción necesaria. De este modo, quedará disponible el capital adicional de 80 libras esterlinas desembolsado con este fin, y también el capital adicional de 20 libras para salarios, ya que el capital de 600 libras refluirá ahora una semana antes. puta de alto standing en Madrid Al estudiar la circulación simple de mercancías (libro I, cap. III, 2 [pp. 69–79]) vimos que, aun cuando dentro de la circulación de cada cantidad determinada de mercancías su forma–dinero tiende siempre a disminuir, el dinero que en la metamorfosis de una mercancía tiende necesariamente a desaparecer de manos de uno, ocupa su puesto en manos de otro, lo que quiere decir que el cambio o la reposición no sólo versan siempre sobre mercancías, sino que este cambio o esta reposición se efectúan siempre por medio de dinero o acompañados por él. “Al sustituirse una mercancía por otra, queda siempre adherida a una tercera mano la mercancía–dinero La circulación suda constantemente dinero” (libro I, [ pp, 77 s.] Este mismo hecho se expresa, a base de la producción capitalista de mercancías, en la circunstancia de que una parte del capital existe constantemente en forma de capital–dinero y de que una parte de plusvalía se halla también constantemente bajo forma de dinero en manos de su poseedor. scort barcelona 2° Pero en A. Smith nos encontramos también con la idea fisiocrática, a pesar de hallarse en contradicción con la parte esotérica –con la parte realmente científica– de su propia argumentación. parejas barcelona Toda maquinaria un poco desarrollada se compone de tres partes sustancialmente distintas: el mecanismo de movimiento, el mecanismo de trasmisión y la máquina–herramienta o máquina de trabajo. La máquina motriz es la fuerza propulsora de todo el mecanismo. Esta máquina puede engendrar su propia fuerza motriz como hace la máquina de vapor, la máquina de aire caliente, la máquina electromagnética, etc., o recibir el impulso de una fuerza natural dispuesta al efecto, como la rueda hidráulica del salto de agua, las aspas del viento, etc. El mecanismo de trasmisión, compuesto por volantes, ejes, ruedas dentadas, espirales, fustes, cuerdas, correas, comunicaciones y artefactos de la más diversa especie, regula el movimiento, lo hace cambiar de forma cuando es necesario, transformándolo por ejemplo de perpendicular en circular, lo distribuye y transporta a la maquinaria instrumental. Estas dos partes del mecanismo que venimos describiendo tienen por función comunicar a la máquina–herramienta el movimiento por medio del cual ésta sujeta y modela el objeto trabajado. De esta parte de la maquinaria, de la máquina–herramienta, es de donde arranca la revolución industrial del siglo XVIII. Y es aquí donde tiene todavía su diario punto de partida la transformación constante de la industria manual o manufacturera en industria mecanizada. contactos barcelona Por muchas vueltas que le demos, el resultado será siempre el mismo. Sí se cambian equivalentes, no se produce plusvalía, ni se produce tampoco aunque se cambien valores no equivalentes.32 La circulación o el cambio de mercancías no crea valor .33 relaciones ocasionales barcelona Pero, aun prescindiendo de lo que supone el exceso de trabajo real, este llamado sistema de relevos es un aborto de la fantasía capitalista, no superado por Fourier en los bosquejos humorísticos de las "courtes séances"; con la diferencia de que aquí la atracción del trabajo se convierte en la atracción del capital. No hay más que fijarse en aquel esquema patronal que la buena prensa ensalzaba como modelo de lo "que puede conseguir un grado razonable de cuidado y de método" "what a reasonable degree of care and method can accomplish". El personal obrero aparece dividido en 12 a 15 categorías, cuyos elementos cambian, además, constantemente. A lo largó de las 15 horas de la jornada fabril, el capital retiene al obrero tan pronto 30 minutos como una hora, para repelerlo enseguida y atraerlo de nuevo a la fábrica y expulsarlo de ella, zarandeándolo todo el día, en jirones de tiempo sueltos, sin perder jamás el dominio sobre él al cabo de las 15 horas. Los mismos personajes actuaban por turno en las diversas escenas de cada acto, como en el teatro. Y así como el actor vive para la escena todo el tiempo que dura el drama, el obrero vivía pendiente de la fábrica las 15 horas, sin contar el tiempo de ir y de volver. De este modo, las horas de descanso se convertían en horas de ocio forzado, que empujaban al obrero joven a la taberna y a la obrera joven al prostíbulo. Y el obrero tenía que ingerir su comida tan pronto a una hora como a otra, según el plan que aquel día se le ponía en la cabeza al patrono para mantener en marcha su maquinaria 12 o 15 horas seguidas sin aumentar el personal. Al promoverse la campaña de agitación de las 10 horas, los fabricantes pusieron el grito en el cielo, diciendo que la canalla obrera todo se volvía pedir, en la esperanza de conseguir por 10 horas de trabajo 12 horas de jornal. Ellos daban ahora la vuelta a la tortilla, pagando 10 horas de salario por disponer de las fuerzas de trabajo durante 12 y 15 horas.133 ¡He aquí la madre del cordero! En esto se había convertido, en manos de los fabricantes, la ley de las 10 horas. En manos de aquellos librecambistas tan llenos de unción religiosa, chorreantes de amor al prójimo, que durante 10 años enteros, mientras duró la campaña anticerealista, habían estado echándoles a los obreros, al céntimo, las cuentas de que tan pronto como se levantasen los aranceles del trigo, con los recursos de que disponía la industria inglesa, bastaría y sobraría con una jornada de 10 horas para enriquecer a los capitalistas.134 putas marbella Las formas autónomas, formas–dinero, que el valor de las mercancías asume en la circulación simple, limítanse a servir de mediadoras del intercambio de mercancías, para desaparecer en el resultado final del proceso. En cambio, en la circulación D – M –D, ambas formas, la mercancía y el dinero, funcionan como simples modalidades distintas de existencia del propio valor: el dinero como su modalidad general; la mercancía como su modalidad especifica o transfigurada, por decirlo así.12 El valor pasa constantemente de una forma a otra, sin perderse en estos tránsitos y convirtiéndose así en sujeto automático. Si plasmamos las formas o manifestaciones específicas que el valor que se valoriza reviste sucesivamente a lo largo del ciclo de su vida, llegaremos a las siguientes definiciones: capital es dinero; capital es mercancía.13 En realidad, el valor se erige aquí en sujeto de un proceso en el que, bajo el cambio constante de las formas de dinero y mercancía, su magnitud varia automáticamente, desprendiéndose como plusvalía de sí mismo como valor originario, o lo que tanto vale, valorizándose a sí mismo. En efecto; el proceso en que engendra plusvalía es su propio proceso, y, por lo tanto, su valorización la valorización de sí mismo. Ha obtenido la virtud oculta y misteriosa de engendrar valor por el hecho de ser valor. Lanza al mundo crías vivientes, o al menos pone huevos de oro.
La creación de la plusvalía y, por tanto, la transformación del dinero en capital, no puede, como se ve, tener su explicación en el hecho de que el vendedor venda las mercancías por más de lo que valen o el comprador las adquiera por menos de su valor.27 escorts alto standing "El gran defecto del sistema fabril, tal y como se halla instaurado en la actualidad –reza el primer informe del consejo central de la comisión de 25 de junio de 1833– consiste en obligar a extender el trabajo infantil al límite máximo de la jornada de trabajo del adulto. El único remedio para evitarlo, sin restringir el trabajo de los adultos, pues ello ocasionaría un daño mayor del que se quiere corregir, nos parece el plan de emplear dos turnos de niños." Y en efecto, bajo el nombre de "sistema de relevos" (System of Relays; relay significa, en inglés, lo mismo que en francés, el cambio de los caballos de posta en las distintas estaciones) se puso en práctica este "plan", enganchando al trabajo a un turno de niños de 9 a 13 años, desde las 5 y medía de la mañana hasta las 2 de la tarde, por ejemplo, a otro desde las 2 de la tarde hasta las 8 y media de la noche, etc. escort barcelona Esta antítesis se contiene ya en la primera forma, en la de 20 varas de lienzo = 1 levita, pero sin plasmar aún. Según que esta ecuación se lea hacia adelante o hacía atrás, cada una de las mercancías que forman sus términos, el lienzo y la levita, ocupa el lugar de la forma relativa del valor o el de la forma equivalencial. Aquí resulta difícil todavía fijar los dos polos antitéticos. Academia lloret En 1860 hízose extensiva la ley fabril de 1850 a las tintorerías y lavanderías152 y en 1861 a las fábricas de puntillas y de medías. servicios internet barcelona Durante los períodos de estancamiento y prosperidad media, el ejército industrial de reserva ejerce presión sobre el ejército obrero en activo, y durante las épocas de superproducción y paroxismo pone un freno a sus exigencias. La superpoblación relativa es, por tanto, el fondo sobre el cual se mueve la ley de la oferta y la demanda de trabajo. Gracias a ella, el radio de acción de esta ley se encierra dentro de los límites que convienen en absoluto a la codicia y al despotismo del capital. Detengámonos un momento, pues es lugar oportuno para hacerlo, a recordar una de las grandes hazañas de los economistas apologéticos. Se recordará que cuando, al implantar nuevas máquinas o ampliar las antiguas, se convierte en constante una parte del capital variable, el economista apologético toma esta operación, que "inmoviliza" capital y, al hacerlo, deja "disponibles" a una parte de los obreros, y, dándole la vuelta, la presenta corno si se tratase de dejar disponible para los obreros una parte del capital. Ahora es cuando podemos medir en todo su alcanse el cinismo del apologista. Los que quedan disponibles, con esta operación, no son sólo los obreros directamente desalojados por las máquinas, sino también sus sustitutos y el contingente adicional que, normalmente, hubiera sido absorbido por la expansión habitual de la industria sobre su antigua base. Todos quedan "disponibles" y a merced de cualquier nuevo capital que sienta la tentación de entrar en funciones. Ya atraiga a éstos o a otros cualesquiera, el resultado en cuanto a la demanda general de trabajo será nulo, siempre y cuando que este nuevo capital se limite a retirar del mercado exactamente el mismo número de obreros que las máquinas han lanzado a él. Sí da empleo a menos, aumenta el censo e los supernumerarios: si coloca a más, la demanda general de trabajo sólo aumentará en aquello en que la cifra de obreros colocados rebase la de los "disponibles". El impulso que los nuevos capitales ávidos de inversión habrían dado a la demanda general de trabajo, en otras condiciones, queda, por lo menos, neutralizado en la medida en que los obreros lanzados al arroyo por las máquinas bastan para cubrir sus necesidades. Es decir, que el mecanismo de la producción capitalista cuida de que el incremento absoluto del capital no vaya acompañado por el alza correspondiente en cuanto a la demanda general de trabajo. ¡Y a esto lo llama el apologista compensación de la miseria, de las penalidades v la posible muerte de los obreros desplazados durante el período de transición que los condena a vegetar en el ejército industrial de reserva! La demanda de trabajo no coincide con el crecimiento del capital, la oferta de trabajo no se identifica con el crecimiento de la clase obrera, como dos potencias independientes la una de la otra que se influyesen mutuamente. Les dés sont pipés.(129) El capital actúa sobre ambos frentes a la vez. Cuando su acumulación hace que aumente, en un frente, la demanda de trabajo, aumenta también, en el otro frente, la oferta de obreros, al dejarlos "disponibles", al mismo tiempo que la presión ejercida por los obreros parados sobre los que trabajan obliga a éstos a rendir más trabajo, haciendo, por tanto, hasta cierto punto, que la oferta de trabajo sea independiente de la oferta de obreros. El juego de la ley de la oferta y la demanda de trabajo, erigida sobre esta base, viene a poner remate al despotismo del capital. Por eso, tan pronto como los obreros desentrañan el misterio de que, a medida que trabajan más, producen más riqueza ajena y hacen que crezca la potencia productiva de su trabajo, consiguiendo incluso que su función como instrumentos de valoración del capital sea cada vez más precaria para ellos mismos; tan pronto como se dan cuenta de que el grado de intensidad de la competencia entablada entre ellos mismos depende completamente de la presión ejercida por la superpoblación relativa; tan pronto como, observando esto, procuran implantar, por medio de los sindicatos, etc., un plan de cooperación entre los obreros en activo y los parados, para anular o por lo menos atenuar los desastrosos efectos que aquella ley natural de la producción capitalista acarrea para su clase, el capital y su sifocante, el economista, se ponen furiosos, clamando contra la violación de la ley "eterna" y casi "sagrada" de la oferta y la demanda. Toda inteligencia entre los obreros desocupados y los obreros que trabajan estorba, en efecto, el '"libre" juego de esa ley. Por otra parte, en cuanto en las colonias, por ejemplo, surgen circunstancias que estorban la formación de un ejército industrial de reserva e impiden, por tanto, la supeditación absoluta de la clase obrera a la clase capitalista, el capital, y con él su Sancho Panza abarrotado de lugares comunes, se rebelan contra la "sagrada" ley de la oferta y la demanda y procuran corregirla un poco, acudiendo a recursos violentos. grafsalas.com Como agente consciente de este movimiento, el poseedor de dinero se convierte en capitalista. el punto de partida y de retorno del dinero se halla en su persona, o por mejor decir en su bolsillo, El contenido objetivo de este proceso de circulación –la valorización del valor– es su fin subjetivo, y sólo actúa como capitalista, como capital personificado, dotado de conciencia y de voluntad, en la medida en que sus operaciones no tienen más motivo propulsor que la apropiación progresiva de riqueza abstracta. El valor de uso no puede, pues, considerarse jamás como fin directo del capítalista.7 Tampoco la ganancia aislada, sino el apetito insaciable de ganar.8 Este afán absoluto de enriquecimiento, esta carrera desenfrenada en pos del valor9 hermana al capitalista y al atesorador; pero, mientras que éste no es más que el capitalista trastornado, el capitalista es el atesorador racional. El incremento insaciable de valor que el atesorador persigue, pugnando por salvar a su dinero de la circulación,10 lo consigue, con más inteligencia, el capitalista, lanzándolo una y otra vez, incesantemente, al torrente circulatorio.11 Piso BCN 89 Entre los acusadores de los obreros, no hay ninguno más agrio que el anónimo autor de Essay on Trade and Commerce, containing Observations on Taxes, etc., Londres, 1765 al que nos referimos en el texto. En la misma línea, sigue Polonius Arthur Young, el inefable charlatán estadístico. Entre los defensores de los obreros. tenemos en primer lugar a Jacob Vanderlint, en Money answer all things, Londres 1734, al rev. Nathanael Forster en An Enquiry into the Causes of the Present High Price of Provisions, Londres, 1767, al Dr. Price y sobre todo a Postlethwayt, tanto en el Suplemento a su Universal Dictionary of Trade and Commerce como en su Great Britain's Commercial Interest explained and improved,, 2º ed. Londres, 1755. En cuanto a los hechos, éstos aparecen confirmados en muchos otros escritos de la época, entre otros por Josiah Tucker. http://www.wmailbox.com 3. Ramas industriales inglesas sin límite legal de explotación